Iluminar la sombra es una aventura heroica

Entrevista realizada y publicada por el diario La Nación a Alicia Schmoller, autora del libro La sombra. Cómo iluminar nuestros aspectos ocultos (Editorial Kier)

«La sombra es una parte integral de nuestra naturaleza humana. Sin embargo, corremos a esconderla debajo de la alfombra en cuanto llega alguien. Es que en su composición figura lo que no queremos ser o lo que suponemos socialmente inaceptable. También, lo que no sabemos que somos, nuestra zona desconocida. Jung la consideró uno de los arquetipos fundamentales del inconsciente personal», explica la licenciada Alicia Schmoller.

«Una tarde estaba sentada en el jardín de mi casa, mirando la caída del sol. Detrás, las mariposas nocturnas volaban alrededor de un farol, proyectando sombras que las hacían aparecer como murciélagos gigantescos. Y eso me asustaba. Pero cuando me daba vuelta para mirarlas podía verlas en su tamaño real, y entonces mi temor aparecía como algo divertido. Lo mismo pasa con la sombra: cuando le damos la espalda se convierte en algo amenazante que sólo muestra su dimensión real cuando nos animamos a enfrentarla.»

Schmoller es psicóloga egresada de la UBA. Entre 1977 y 1985 vivió en Nueva York, donde se especializó en psicología transpersonal. Es autora del libro La sombra. Cómo iluminar nuestros aspectos ocultos.

«Sin embargo, todos los personajes inconfesables que pueblan la sombra tienen una razón de ser, una función, si no, no estarían allí. Tomemos uno de ellos: la avaricia, particularmente desagradable, y veamos su historia. Nació como consecuencia de algo que ocurrió cuando el autor de la sombra era muy pequeño y su familia vivió un período de extrema pobreza. Eso desarrolló en el niño un gran temor a perder lo poco que tenía y así se fue desarrollando hasta ocupar un espacio importante. De la sombra no podemos escapar, tampoco la podemos destruir, la única actitud inteligente es asumirla e integrarla», agrega.

¿Cómo podemos saber qué hay en nuestra sombra?

‐Podríamos decir que todo lo que admiramos o rechazamos en otros existe en nuestro interior. Un sábado por la mañana salí a caminar. En el bolsillo de mi abrigo llevaba las llaves de mi casa, un billete de cinco pesos y unas monedas. Al rato, vi un mendigo sentado en la vereda y cuando le puse las monedas en el cuenco que sostenía, alzó la vista y su mirada, llena de agradecimiento, me conmovió hasta las lágrimas. Unas cuadras más adelante encontré una mujer que se acercó a pedirme dinero. Pensé que podría repetir la misma experiencia gratificante y le entregué el billete de cinco pesos.

Sin embargo, en lugar de mostrarse satisfecha, me siguió insistiendo que le diera más, ya que el dinero que le había dado no le alcanzaría para alimentar a su hijo. Su actitud me indignó, y seguí caminando furiosa, hasta que de repente me di cuenta de que los dos mendigos eran mis espejos. El hombre representaba mi capacidad para sentirme agradecida por todo lo que me brindaba la vida; la mujer, un aspecto menos agradable pero no por eso menos real: la Alicia demandante que, independientemente de lo que le dieran, siempre quería más. De todos modos, es importante recordar que en la sombra también se ocultan elementos positivos.

¿Por ejemplo?

‐Una persona temerosa puede demostrar un grado de valentía sorprendente durante

una emergencia, y una persona egoísta puede exhibir repentinamente rasgos de gran generosidad, en estos casos la valentía y la generosidad son aspectos de la sombra positiva. Los talentos y las actitudes que admiramos o envidiamos en otros pueden estar reflejando cualidades propias que ignoramos. A veces no es la actividad concreta sino cómo se desarrolla, se puede admirar a un gran ajedrecista por su disciplina y dedicación y desarrollar esas características sin que eso implique dedicarnos a jugar al ajedrez. Otra buena fuente de información sobre el contenido de nuestra sombra son los comentarios de los demás. Hace varios años, una paciente me comentó la siguiente frase: «Si una persona te dice que eres un burro, no le hagas caso. Si te lo dicen dos, cómprate una montura.»

¿Cómo podemos integrar la sombra?

‐En primer lugar aceptándola. Además, recordando que el mal es un aspecto constitutivo de la naturaleza humana que no puede ser eliminado. Sin embargo, podemos aprender a reconocerlo y a lidiar con él. La diferencia entre las personas buenas y las malas no reside en la ausencia de maldad sino en que las primeras deciden conscientemente no actuarla. El reconocimiento cotidiano de nuestras faltas y el desarrollo de sus antídotos, el amor, la tolerancia, la compasión y la aceptación, es el mejor ejercicio para reconocer y transformar la sombra.

En la medida en que no nos enfrentemos con los aspectos destructivos de la sombra corremos el riesgo de destruir el planeta. Nuestra responsabilidad por el estado en que se encuentra la humanidad puede parecernos insignificante, y tal vez lo sea. Sin embargo, como subrayó Goethe: «Si cada uno limpia su propia vereda, las calles estarán limpias».

¿Una reflexión final?

‐Iluminar la sombra es una aventura heroica. Para quienes estén dispuestos a emprender esta tarea, les sugiero recordar y aplicar diariamente la siguiente plegaria:

«Que Dios me conceda la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; el coraje para cambiar las cosas que sí puedo cambiar, y la sabiduría para reconocer la diferencia».

Luis Aubele

 

Fuente: LANACION.com

 

Iluminar la sombra es una aventura heroica

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